viernes, junio 30, 2006

Evasiones

Sé que estoy totalmente fuera de lugar…
Lo sé. Lo sé, no me lo tienen qué decir. Pero apenas es viernes y el suspense me está matando.
Con los nervios de punta y sin poder hacer nada (ni siquiera ir a votar el domingo, ¡ay!), tengo que entretener mi cabecita en otros menesteres pa que no me lleve la desgracia con el pensar y pensar y pensar y pensar qué sucederá en las elecciones.
Mañana sábado, me largo a Ottawa a las celebraciones del día nacional de Canadá y regreso el domingo. Pero eso es mañana… hoy, entre lecturas sobre censura en la música, entre pequeños párrafos logrados a punta de agua, refresco, cigarro y pláticas; descubro un librito muy interesante y ¡zaz!, que me engancho y que me enamoro…
Con ustedes, Gilles Vigneault, artista canadiense.

Il n’est pas inutile
de rêver deux fois
le même rêve,
mais il est indispensable
de se réveiller entre les deux.

Un arbre
Un arbre qui demande l’heure
Ne comprend pas qu’il est midi
Sa semaine a quatre jeudis
El l’univers est sa demeure

Répondez qu¿il est déjà tard
Pour ce qui reste de la terre
Et qu¿il n’est pas temps de se taire
Et qu’on entend de toutes parts

Sonner la glas de la Nature
Dans l’eau, dans l’air et sous nos pas
Que l’homme assiste à son trépas
Le nez plongé dans ses ordures

Un oiseau seul dans ses hauteurs
Demande l’heure à l’Arbre, à l’Homme.
L’Homme se tait. L’Arbre se nomme.
Un caillou s’enfuit, pris de peur…

Qu’on le prenne pour une pomme
P.S. Y para agregarle más sabor al caldo, se murió la mamá de Fox, éste último anda haciendo declaraciones sospechosistas en diarios franchutes y Ebrard de casa con la Mariagna Prats... ¿Qué pasaaaaaa? ¡Ay! como diría kabeza en un post de la zazil... tic tac tic tac

domingo, junio 25, 2006

¿Quién diablos es Juana Molina?

Bueno, si estuviera en México, mi gran duda sería por quién votar en pocos días; pero como la distancia me obliga a conformarme con las decisiones de los demás, pos entonces me pregunto:

¿Alguien sabe quién es Juana Molina? Acá en los Canadases la pintan como que muy chipocleited, como que la mera onda, la hija perdida de Björk con Bono, la voz de la América Latina desde Buenos Ángeles, CA. Y yo en la ignorancia total. Quesque argentina, quesque muy reconocida en los yunaited y las europas… y nadie me la había presentado.

Escuché dos temas de ella (“Rara” y “No es tan cierto”) y todavía me pregunto… qué rollo con esta morra (como dirían en Guanatos) y a eso le agrego… si esta comadre es la mega onda, ¿qué le falta a mi querida Dani pa hacerse de los billetes grandes y el reconocimiento? Aigsh

Conteo rápido.

  • 1) Dos fiestas con motivo del día del día de St. Jean Baptiste.
  • 2) En la reunión del parque de la village de la rivière Rouge: 15 francoparlantes, 1 belga, 1 holandés, 3 angloparlantes, 1 española, 1 francoitalocanadiense (Luiza), 2 filipinas, 1 mexicana, 6 niños (agréguense a los francoparlantes), 2 perros y 1 rana.
  • 3) Dos hamburguesas (pequeñas), una ensalada de coditos, una ensalada verde, un pastel de zanahoria con nieve de vainilla y fresas y una pepsi de cena en la fiesta del Gliding Club.
  • 4) Cero hombres guapos y “available” en ambas fiestas.
  • 5) Dos párrafos de avance en la tesis.
  • 6) Cinco cigarros fumados en el día.
  • 7) Total de horas de diversión: 2.5 (las del parque en la montaña)
  • 8) Total de horas de aburrimiento: 3 (las del Gliding Club, f-i-a-s-c-o)

9) Ganas de volver al Gliding club a socializar: Cero

10) Nivel de stress por las próximas elecciones que nomás voy a mirar de lejos: 90%

miércoles, junio 21, 2006

Aquí como allá...

Pues parece el cielo, pero nope, es igualito que en todos lados. No he escrito en varios días porque la verdad no he tenido mucho de qué escribir. La gran bondad de estar en suelo canadiense es que no tengo que sufrir los calores de Vicky Ranch, me cae.

Pasar el verano en una cabaña en las montañas puede sonar paradisíaco pero nanai. Puede llegar a ser extremadamente aburrido y más si se es como yo una asquerosa rata de ciudad (de ciudad chica, pero de todas formas ciudad). Empiezo a extrañar ver gente, hablar en español y ver la tele. No sólo eso, sino que tengo unas ganas impresionantes de ver gente joven. Y cuando digo joven, no me pongo requisitosa; de cuarenta y cinco pa abajo me conformo. Cerca de aquí, el único chamacón es Jason que le corta el pasto a Luiza de vez en cuando y debe tener como 28 o 30, los demás andan de 55 para arriba.

He dedicado mis días a leer cuanta literatura barata y cara me he encontrado (y la tesis? Bien, gracias). Estuvimos en Ottawa y descubrí la maravilla de las “nearly new shops” donde metes en una bolsa de plástico cuanto libro quepa por 3 dolarucos; además de las librerías de viejo, donde por unos pocos dólares también se consiguen textos bastante accesibles en precio. El chiste radica en la búsqueda del material. Así que me he agenciado unas dos docenas de librejos por muy poca lana. Van desde la típica novela decimonónica dickensiana, pasando por dos o tres novelitas light, hasta libros de comunicación.

Ahora me encuentro atorada con “Waiting to exhale” y mañana seguro le hincaré el diente a Yo! de Julia Álvarez.

Así que, a ver qué pasa. El sábado es día de St Jean Baptiste que se celebra como fiesta nacional en Québec y habrá una pequeña reunión en el parque. Iré a comer hot dogs y si se puede, me embriagaré un poco pa variar la cosa.

Por lo pronto, Ottawa es la ciudad capital más verde que he visto en mi vida.

P.D. No vi el partido, pero ya me enteré de la cagada. Aigsh, lo peor es que ya me lo imaginaba…

viernes, junio 16, 2006

Sueños y Omega

Desde que llegué, no he dormido bien en las noches. Sospecho que es el colchón. En las mañanas despierto y recuerdo casi perfectamente lo que soñé. Lo malo del asunto, es que los sueños no son muy placenteros que digamos. Las historias varían mucho; desde los gatos diabólicos en carrera hacia no sé dónde, pasando por Rossana diciéndome que no a una entrega de la tesis, hasta las hijas de mis amigas en situaciones bastante desagradables que no pienso repetir. Si alguien tiene alguna sugerencia para remediar esto, lo agradeceré infinitamente. Cambiar el colchón es imposible...
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Sin embargo, ayer el día amaneció hermoso. El sol por todos lados, reflejando como espejito los árboles en el lago. Así que, nos fuimos a Montebello, un pueblo como a una hora de aquí, que solía ser lo que en México conocemos como haciendas. El château de Montebello era la casa del “señor”, con la particularidad de que ésta está construida sólo con troncos. Enorme y de madera pintada de negro y rojo.

Pero, la diversión empezó a cuatro kilómetros de ahí, en el parque Omega. Una reserva tipo Africam Safari donde los animales se pasean casi en total libertad, con la salvedad de que son especies naturales del Canadá. Me divertí de lo lindo dándoles zanahorias a los animales y tomando fotos.


Lobito, lindo lobitooooo.  Posted by Picasa

Cosha! Cosha hermosha! chusicushigüishi!!! Esta familia de mapaches es para Kitano. Besos Kita! coshas lindash!!! Posted by Picasa

Reposando después de comer... Posted by Picasa

A este compadre, por más aspavientos que hicimos, no hicimos que se moviera. Lo más que conseguimos, fue esta mirada displicente. Están lo que tienen hueva y los que tienen clase... Posted by Picasa

Bueno, algunos animales se acercaban peligrosamente al carro, as� que a dejar el vidrio arriba por si las moscas (o en este caso, por si los bisontes). Posted by Picasa

miércoles, junio 14, 2006


Alumnos de una de las varias escuelas de rafting sobre la riviere Rouge Posted by Picasa

un pescador a la orilla del río Posted by Picasa

A petición de Zazil, más fotos. Por lo pronto, unos lindos venaditos en el camino de la montaña pal pueblo. Posted by Picasa

¡Amáááá, ya llegué!

Er… este, pos ya llegué. Ya estoy en Canadá, instalada en una chidísima cabaña frente a un lago en la Village de la rivière Rouge, una población pequeñísima en las montañas que atraviesa el Río Rojo (de ahí lo de rivière Rouge; por cierto, los francófonos no se me pongan muy picudos con la ortografía que está rete difícil).
Siento mucho que se hayan preocupado por nuestra prolongada ausencia cibernética. Gracias por los emails, los mensajitos en el tagboard y las entradas en sus respectivos blogs preguntándose si ya nos había cargado el payaso, el yeti canadiense, el chupacabras o si de plano estábamos en la mega hueva o de súperligue.

Estuvimos en Danbury, CT buscando al papá de Maru, pero por desgracia no coincidimos. Así que nos metimos a una librería Borders para relajarnos un poco. Salimos de ahí contentas y mojadas (llovía muy fuerte) y decidimos comer en un diner que encontramos. Mientras pensábamos toparnos con el American Way of Life en todo su esplendor, nos tropezamos en su lugar con un diner propiedad de una familia de mexicanos, así que, tuvimos servicio de primera (y Luiza comió quesadillas de pollo con salsa).

A pocas millas de Boston la lluvia nos detuvo y paramos a dormir. Al día siguiente, nos encontramos con Anita y Henri Theunissen, amigos holandeses de Luiza, y nos quedamos con ellos en su casa en un suburbio muy acá de Boston. Las casas increíbles y nuestros anfitriones de lujo. Esa misma tarde, nos llevaron a dar una caminada por el centro de la ciudad y al trabajo de Henri en el Cambridge Science Center, ¡o seaaaaaaa!, yo babeando. Cenamos en casa y después de un par de tintos, platicamos hasta medianoche. Muy chido.

El lunes en la mañana, dejamos a nuestros amigos y nos dirigimos de nuevo a Cambridge para visitar Harvard. Paseamos por sus jardines, entramos al Museo de Historia Natural por circunstancias inesperadas, vimos los preparativos para la gradución de la Escuela de Leyes, tomamos fotos, vimos gente. Lo típico.

Y de ahí, de vuelta a la carretera. Si bien nuestro viaje tuvo un inesperado “delay”, llegamos a salvo a casa. Ya estamos aquí. Después de más de 7 mil kilómetros de carretera; después de atravesar parte de Tamaulipas, Texas, Louisiana, Mississippi, Alabama, Florida, Georgia, South Carolina, North Carolina, Virginia, Washington DC, Delaware, Pennsilvania, Connecticut, New York, Massachussets, Vermont, Ontario y Québec llegamos a nuestro destino.

Ya escribiré sobre lo que he visto de Canadá. Eso sí, apenas hoy conectaron el teléfono, por eso no había escrito.

viernes, junio 02, 2006

Puebleando hasta Canadá V.

Día 6. Mayo 31. De tumbas y tumbos.

Temprano por la mañana visitamos el famoso cementerio de Savannah. El pequeño panteón alberga los restos de algunos famosos en la historia del lugar con tumbas que datan de finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX.

Antes de entrar al lugar, desayunamos frugalmente un bagels con queso crema en una banca fuera del camposanto mientras disfrutábamos de la vista tranquila y relajante de la calle y sus paseantes.

Después de nuestra semitétrica visita, dimos un rol por la zona sur del centro histórico. Algunas casas en Gaston Street son impresionantes. Sin embargo, tan pronto como se cruza Gwynett Street, se puede atisbar a la vida cotidiana de los habitantes de esta ciudad, “the real thing” digamos, en donde ni todas las casas son impresionantes y donde no necesariamente todo es lindo.

Para salir de Savannah, cruzamos el puente del río que nos lleva de Georgia con dirección a South Carolina. Después de una breve confusión en los anillos periféricos, logramos salir de ahí. Sin mayores contratiempos, manejamos por varias horas hasta que paramos en Fayettesville, North Carolina; una población relativamente interesante para los amantes de la Historia de la Guerra Civil norteamericana y de la que sólo conocimos el Motel 6 y la gasolinera. Y ahí pasamos la noche…



Día 7. Junio 1. It Was A Dark And Stormy Night...

Temprano en la mañana abandonamos Fayettesville. Nuestro objetivo estaba puesto en Philadelphia donde supuestamente veríamos a Paty. Cruzamos varios estados y le sacamos la vuelta a varias ciudades importantes como Alexandria, Washington D.C y Baltimore. Los atascos en la carretera fueron impresionantes. Paramos en un Wal-Mart (a cultural experience, dice Luiza) y compramos comida que engullimos tranquilamente en un área de descanso a unos 20 millas de Washington D.C.

Conforme nos acercábamos a las grandes ciudades, los carros disminuían su velocidad paulatinamente. Lentamente, con la calma que sólo las grandes ciudades y enormes arterias urbanas conocen, nos alejábamos de ellas a través de autopistas, túneles, puentes.

Llegamos a Philadelphia. Buscamos un lugar dónde pasar la noche sólo para descubrir que no había nada cerca de la ciudad. Terminamos en un pueblito llamado Pottstown al noroeste de nuestro destino. Agotadas, medio frustradas por la búsqueda, decidimos ir a comprar una cerveza para beberla antes de dormir y por supuesto, perdernos en medio de “a dark and stormy night”. Las imágenes de los pequeños pueblitos por donde deambulábamos completamente perdidas casi a la medianoche, parecían sacados de una novela de misterio o de una película de Tim Burton. Por fin, y con la pena, Luiza se bajó (con tremendo chubasco encima) a preguntar en una casa que mostraba movimiento la dirección de vuelta a la civilización. Y todavía no teníamos cerveza.

Mientras la tormenta arreciaba, descubrimos un restaurante donde compramos una “caguama” y por fin, después de dos o tres vueltas más en total desconcierto y desorientación, llegamos, exhaustas, a nuestro hotel (6, de nuevo) en Pottstown. Allí, nos bebimos nuestro alcohol, mientras veíamos Law & Order. CI. Ni me acuerdo a qué hora cerré los ojos, lo bueno es que programamos la tele para que se apagara…

Día 8. Junio 2. Quakerlandia.


Pennsylvania es un estado cuáquero. Hay incluso un pueblo llamado Quakertown. En los suburbios de Philadelphia, es posible ver pueblos llamados Plymouth Meeting, y en los folletos sobre la región, la presencia cuáquera es indiscutible; no por nada, la Junta de Philadelphia es de las más importantes en el mundo, tanto así, que tres juntas mensuales de los cuáqueros (o amigos), se muestran en los mapas de Rand McNally de Philadelphia.





Vimos a Paty brevemente en el mall de Plymouth Meeting. De ahí en adelante, carretera de nuevo. Pensábamos cruzar Pennsylvania y una parte del estado de Nueva York (sacándole la vuelta a la Gran Manzana, por aquello del tráfico). Sin embargo, a sólo unas millas de la frontera de Pennsylvania con Nueva York, ¡madres!, un accidente muy grave nos detuvo por más de hora y media en Matamoras (es neta!, así se llama!) (recorrimos una milla en aproximadamente una hora). Luiza sugirió que nos quedáramos aquí y así lo hicimos. Cenamos en un diner de esos que datan de 1os años 50 mientras veíamos cómo, poco a poco, los carros empezaban a circular muy lentamente… Mañana, esperamos cruzar el río Hudson.

martes, mayo 30, 2006

Puebleando hasta Canadá IV.

Día 4. Mayo 29. Desperately seeking Bill Chandler o Un día con mexicanos.

En Havana, Georgia, buscamos a Chela, la concuña de Luiza. Ella trabaja para un vivero (que acá, la comunidad latina llama nursería). No tuvimos mayor dificultad para encontrarla. La mayor parte de los trabajadores de este vivero son hispanos y afroamericanos (o “morenos” como les llaman los mexicanos) que se dedican al cultivo, cuidado y transporte de las plantas. La faena es agotadora pues implica estar bajo el rayo del sol desde temprano en la mañana hasta la tarde. Las mujeres cargan las macetas con los brotes de un lugar a otro, cuidan las plantitas y platican poco entre ellas. Hay mujeres de México y Guatemala, principalmente. El problema para Chela es que no puede comunicarse con todas. Ella no habla inglés y muchas de las mujeres no hablan español: “muchas son de Chiapas y no les entiendo, hablan muy raro, hablan mejor inglés que español, no entiendo; hablan muy rápido” nos dice. Parece que hablan tzotzil o tzetzal, la verdad es que no pudimos descubrirlo.

Luiza deseaba encontrar a Medardo, el hermano de Manuel, su pareja. Chela pidió permiso y se fue con nosotras para tratar de encontrarlo en Cairo, Georgia donde él trabaja. Chela no maneja, y parece que poco conoce los caminos. Llegamos a Bainbridge por error y de ahí retomamos el camino a Cairo.

Nuestra primer parada fue en el trailer park donde viven. Un lugar donde la mayoría de sus habitantes también son hispanos. Pero ella socializa poco con sus vecinos. No tiene teléfono, así que tocó algunas puertas para conseguir un aparato y comunicarse con Medardo. Después de hablar con él, emprendimos el camino para encontrarle con las direcciones para llegar hasta su trabajo.

Medardo trabaja para un rancho ganadero . El rancho de Bill Chandler. Preguntamos en más de cuatro casas a lo largo de varios kilómetros de camino. Simplemente no encontrábamos el famoso rancho. Por fin, después de dos horas más o menos, llegamos. La primera figura humana que vimos fue la de Medardo (a quien aquí se le conoce simplemente por Jesús), que limpiaba los vidrios de una camioneta. Después de los saludos y presentaciones, conocimos a la familia de Bill Chandler: Bill, Jackie y Christie, quienes resultaron ser de los más agradables y lindos. Raptamos a Medardo y nos fuimos a comer.

En el centro de Cairo, comimos en un restaurante de comida china. Medardo nos platicaba de sus tierras en México que están siendo cuidadas por su hijo. Chela preguntaba y platicaba sobre su hija Linda, que estuvo con ellos por un breve tiempo y que regresó a México a casarse. Así, entre preguntar por la familia en el sur y la vida en los Estados Unidos, se nos fue la hora de comida. Luiza intentó pagar la cuenta, pero Medardo simplemente no la dejó. Chela tackleó a Luiza y no hubo poder humano que permitiera que Luiza pagara el consumo.

Regresamos al rancho. Allí, Luiza mostró a Chela y Medardo fotografías de la boda de su hija a la que no asistieron. El rostro de Medardo se iluminaba al momento de reconocer los rostros de amigos y sobre todo, familiares, foto tras foto. Jackie nos acompañaba y preguntaba ocasionalmente por algún personaje en las fotos o por alguna contextualización.

Al terminar de ver las fotos, Medardo nos llevó a conocer el rancho. Es un lugar muy grande. En este momento, no había más que dos toros de cuerno largo, porque parece que no es temporada de compra-venta. Lo que sí había, eran caballos. Después de mostrarnos meticulosamente los stalls, nos llevó a alimentarlos. Y ahí, simplemente enloquecí. Paseábamos en un carrito y Medardo perseguía a los caballos para hacerles entrar a las caballerizas. Conocimos a Susie, una hermosa yegua pinta con un terrible tumor en la pata; Nacho, un palomino increíble y a “La perra”, una yegua canela impresionante con un carácter peor que el mío con PMS. Había más caballos, pero he olvidado sus nombres. Lo que sí recuerdo, es que Baby Susie (hija de Susie, por supuesto) intentó comerse mi tenis mientras tomaba fotos y un poco de video. Fue genial. Toda la experiencia fue genial. De las caballerizas, Medardo nos llevó a conocer el molino y las oficinas de Bill Chandler donde nos refrescamos un poco.



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Después de dejar una nota de agradecimiento para Bill y su familia, volvimos al trailer park donde Medardo y Chela viven. Fuera de “la traila” Medardo mantiene un pequeño huerto con albahaca, pepino, tomate, hierbabuena, frijoles, y por supuesto, chiles jalapeños.

Era el momento de la despedida que este par de mexicanos prolongaban (esperaban que nos quedaríamos varios días, a pesar de que les habíamos informado de nuestra intención de seguir viajando ese mismo día). Con la solemne promesa de enviarles las fotos que habían visto, teléfonos y direcciones en los bolsillos, nos despedimos de ellos.

Quizás Cairo, Georgia no se encuentre en ninguna guía turística. Es posible que el rancho de Bill Chandler no sea para muchos la idea de paseo que esperan, pero este día, ha sido insuperable.


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Día 5. Mayo 30. Sweet Savannah.

Savannah. La ciudad de Lady Chabliss, la banca de Forrest Gump, y la primer versión de Cabo de Miedo (aquella con Robert Mitchum que nadie menor de 40 años ha visto). Savannah, la capital y primer ciudad de Georgia, es hermosa. Una ciudad que deseaba conocer desde hace tiempo. Una ciudad que no me ha decepcionado.

Llegamos alrededor de las 3:30 pm y encontramos un hotel muy nice en el centro histórico. Después del registro, comenzamos a buscar un lugar dónde comer. Un par de cuadras adelante del hotel, entramos a un pub irlandés muy agradable en el puerto, con vista al río. Mientras engullíamos un reuben sándwich con cornedbeef en pan de centeno acompañado de papas fritas (y la dieta? Bien, gracias!... sé que habrá alguien salivando por ahí), observábamos los barcos cruzar frente a nosotros desde la barra del pub. Por cierto, el servicio a clientes por acá es de súper lujo.





Salimos de ahí con los estómagos satisfechos y con la suficiente energía para caminar por la ciudad. Recorrimos el muelle, disfrutando de la arquitectura y el descubrimiento paulatino de los parquecitos con que cuenta esta zona (y toda la ciudad, aparentemente).





El centro te llena de arquitectura victoriana con fuertes reminiscencias españolas y francesas. (Pinches españoles, diría Luiza, “they were everywhere”). Algunas estructuras tienen un dejo similar al de Nueva Orleáns o Tampico; estas ciudades ocupadas primero por las tropas hispanas y después por las francesas, sin embargo, lo que marca la diferencia en Savannah, es la sobriedad de la influencia irlandesa. Un sutil dejo de moderación que te envuelve mientras observas los robles sentada en alguna de las bancas de las plazas.




De regreso al hotel, hicimos una parada estratégica en el Moon River Brewery donde probamos unas chelucas de la casa. Volvimos al hotel y mientras Luiza se daba un chapuzón en la alberca, yo decidí hacer una pequeña caminata más por los alrededores. Pasadas las 10 de la noche volví a nuestro cuarto. Por hoy, hemos decidido disfrutar de las comodidades de nuestro hotel y aprovechar el acceso ilimitado a Internet. Ya mañana veremos.

lunes, mayo 29, 2006

Puebleando hasta Canadá III

Día 3. Mayo 28. Los Pinos de Georgia.

El día comenzó con una agradable vista de City Hall y la suprema corte desde el cuarto del hotel. Nueva Orleáns seguía ahí. Salimos a pasear hasta el french market (nuestro hotel está en la zona del centro y a unas cuadras del superdome). Caminamos bajo un calor de 32 o 33 grados (que a decir verdad, no me quejo, pero sí se sentía). Nos paramos aquí y allá a tomar algunas fotos.

Decidimos tomar un cafecito en el Café du Monde. Después de una buena sudada y algunas cuadras recorridas, llegamos sólo para encontrarnos el lugar hasta la goma de gente, rebotado, casi como si fuera el único lugar en el pueblo. Gracias por participar. En lugar de nuestro café, terminamos con un bote de agua por 1.75 USD (entre el agua, el sándwich y la cerveza, no sé qué nos haya salido más caro).

Hacia mediodía, volvimos a tomar carretera. Nuestro objetivo era Cairo, Georgia. A lo largo del camino, unos muy chidos árboles se alineaban en cada flanco. Eran pinos de Georgia. Unos árboles bastante lindos y que proveen de sombra y protección. Fueron plantados paralelos a la carretera que marca la ruta de escape de huracanes.


Los pinos nos siguen. No hay mucho que ver, sólo pinos de Georgia, algún puente que nos permite cruzar un río, más pinos, algún pueblo con gasolinera, y pinos, pinos y más pinos de Georgia. Vamos, que después de cruzar Louisiana, Mississippi, Alabama y Florida, como que empiezan a hartar y una comienza a desear que se atraviese una linda gallina o un buen burro. Algo. Lo que sea que cambie y marque una diferencia en el paisaje.

Cerca de las 8 de la noche (o 9 porque entramos al tiempo del este por lo que ahora estamos una hora adelante), decidimos que la noche nos había ganado la carrera. Hoy, dormimos en Quincy. Un pequeño pueblo al norte de Florida, muy cerca de Havana y a sólo unas millas de la frontera con Georgia, cuya principal actividad parece ser la producción de tomate, y, por lo mismo, parece tener una población hispana numerosa.

Nos quedamos en un Motor Lodge. Nos fumamos un cigarro en los escalones del frente de nuestro cuarto. Comimos zanahorias como botana. Mañana, supongo que seguiremos viendo pinos, pero ahora sí estaremos en Georgia.

domingo, mayo 28, 2006

Puebleando hasta Canadá II

Día 2. Mayo 27. Louisiana madness

Dejamos Victoria, Texas sin remordimientos de ninguna clase. Habíamos fijado nuestro siguiente objetivo en Nueva Orleáns y hacia allá nos dirigíamos. Texas con todo y su fijación por agrandar las cosas a tamaños inimaginables no representaba mayor emoción. Con el siguiente destino en nuestras cabecitas, tomamos la carretera hacia Houston.

Menos de dos horas y media después, le sacamos la vuelta a la ciudad. Tomamos directo la vía hacia Louisiana. De salida, la agradable vista del puerto nos despedía. Las nubes nos hacían presentir lluvia.

La impresión que me dan las carreteras gringas, es que son aburridas. Seguras, pero aburridas. A pesar de que traía varios litros de refresco y café en el estómago, mis ojitos se esforzaban en cerrarse, mientras yo me empeñaba en mantenerlos abiertos. La única diversión posible mientras los carros pasan junto al propio y se avanza tercamente, milla tras milla, es ver los anuncios espectaculares. Hay algunos de un ingenioso que hacen la labor del copiloto (en ocasiones Luiza y en otras yo, lógicamente) algo más agradable. (Digo, aparte de los chales que nos hemos aventado, por supuesto).

Cruzamos la frontera de Louisiana con Texas en Orange. Adelante, llegamos al centro de información turística desde donde intentamos encontrar hotel para Nueva Orleáns infructuosamente. Después de poco más de 20 minutos de llamadas y revisión de toneladas de publicidad, volvimos a la carretera.

Pero, las tripas no perdonan. Al no haber tomado desayuno en Victoria, hacia las 2 de la tarde estábamos a punto de comernos la una a la otra. Hicimos una parada en Iowa, Louisiana para probar un poco de cajun cuisine. La verdad sea dicha, nos atascamos. Luiza optó por un enorme “crawfish platter” que consistía en cangrejo de río sobre cama de papas fritas y cangrejo de río etoufée. Yo, por mi parte, me decidí por el “shrimp platter” que no era otra cosa que camarones, papas fritas, hushpuppies (unas bolitas de maseca fritas) camarón relleno y camarón creole (sí, retejarto camarón).

Barriga llena, volvimos al camino. Poco a poco, el paisaje comenzaba a cambiar. Los pantanos estaban a la vuelta de la esquina, por así decirlo. Llegamos a Baton Rouge, después de un pequeño atascón en la carretera debido a un accidente y la lluvia pertinaz. Cruzamos el Mississipi. Oh, si, cruzamos el Mississipi.

Pasamos por Kenner y ahí empezamos a ver los vestigios todavía evidentes del paso de Katrina por la región. Nueva Orleáns estaba a sólo unas millas. Conforme avanzábamos hacia la ciudad, el impacto del huracán se volvía cada vez más real. Casa destruidas por completo, techos y paredes derrumbados. Poco hablábamos. El shock era demasiado fuerte para expresarlo en palabras.

Buscábamos un Motel 6 para pasar la noche (bueno, bonito y barato). Pero, para agregar impacto sobre impacto, llegamos a la zona donde se supone estaba nuestra “futura posada” sólo para encontrarnos con la destrucción y el abandono. Calles y calles completas de edificios y casas habitación semidestruídas, en total descuido y, sólo algunos hoteles, en proceso de reconstrucción. Las calles están solas, pocos automóviles circulan por ellas. Los semáforos simplemente no funcionan.

Nuestro hotel, no existía. Estaba semidestruido, así que decidimos ir a Slidell. Una población ubicada al noreste de Nueva Orleáns para pasar la noche allí. Conforme avanzábamos, continuábamos viendo a Katrina por todos lados. Katrina, a un año de distancia del impacto, sigue aquí, evidentemente. Cruzamos el lago Pontchartrain y llegamos a Slidell sólo para descubrir que la situación es igual de grave en este lugar. Con la misma regresamos.

Finalmente, nos arriesgamos a quedarnos en el centro de Nueva Orleáns. Al ser Memorial Day Weekend, pensamos que quizás los hoteles estarían abarrotados. No fue así. Entramos al Vieux Carré y tomamos Canal St. Localizamos un Holliday Inn casi inmediatamente y desde una de sus habitaciones escribo.

Después de registrarnos, con el cansancio y el impacto visual y emocional reflejado en nuestros cuerpos, decidimos que un poco de alcohol nos caería bien. Después de instalarnos (y de perdernos estúpidamente en el elevador del estacionamiento), bajamos a tomar algo.

Ya con algo de fuerzas y con el relax instalado. Nos fuimos a la calle. Nueva Orleáns de noche. La típica Nueva Orleáns que recuerdo de hace diez años sigue aquí. Enfilamos hacia el French Quarter. Algunas calles daban la impresión de que el turismo está algo flojo (incluso, la bartender del bar del hotel, nos comentó que las cosas han estado así desde el huracán. Parece que el gobierno estatal es el (ir)responsable, demasiado ocupado en señalar culpables, en lugar de ponerse a trabajar, a diferencia de otros estados donde la ayuda sí ha llegado).

Noche de sábado. Noche de antro. Con un calor húmedo caminamos cuadras y cuadras sobre Canal St. Los grandes hoteles siguen en reconstrucción. Algunas pequeñas tiendas lucen abandonadas, mientras otras siguen en el negocio.

Caminamos por la legendaria Bourbon St. El olor a vómito y cerveza sigue ahí (iuic!). La mayor parte de los transeúntes son jóvenes en actitud de antro. Los locales se mezclan con los turistas. La gente en los balcones grita, baila, toma. La gente en la calle, hace lo mismo, sólo que aparte, camina. Nos paramos en un pequeño lugar que parecía tranquilo. Efectivamente, era tranquilo, sólo que nos vendieron el sandwich de pavo y la cerveza más cara de nuestras vidas. Ni pex.






















Agotadas, volvimos al hotel. Mañana,
Nueva Orleáns de día y en ruta hacia Florida.

Puebleando hasta Canadá I

Día 1. Mayo 26. De Victoria a Victoria

5:30 AM y yo ya estaba despierta. A las 7, como acordado, Luiza pasó a mi casa y le llegamos a la carretera a Monterrey a las 7:30. Dejamos a Manuel en el rancho y emprendimos el camino hacia Reynosa.


Cruzamos la frontera de Reynosa –Pharr sin mayor problema, de hecho, no tuvimos que hacer esperar para cruzar. El puente estaba casi abandonado. Pero, siempre hay un pero, había que sacar el permiso de internación. Y ahí la cosa se puso buena. Para no hacer el cuento largo, a Luiza le esculcaron hasta por debajo de los calzones la camioneta y nos descubrieron nuestras 345 cajetillas de cigarros que llevábamos de México. Aparte de que se portaron medio pesados los cuates de inmigración, no tuvimos mayores problemas.


En Harlingen, arreglamos algunos detalles de la camioneta y kabam!, le metimos pie al acelerador… el propósito: alejarnos de la frontera y acercarnos a nuestro destino inmediato.

Pasamos por “flat boring Texas”: chorros de pueblitos que se asemejan muchos a los pueblos del norte de México, a excepción de las casas de madera de esta región texana. Pero eso sí, la carretera tiene un aire de Linares-Monterrey que qué sé yo…

Hacia las 9 de la noche y arrastrando las cobijas, después de pasar por Refugio, Texas, llegamos Victoria… ahí pasamos la noche sin mayores consecuencias. El viaje ha empezado oficialmente… Catorce horas después de dejar Victoria, Tamaulipas, recibimos la noche en Victoria, TX. No está mal como inicio.

jueves, mayo 25, 2006

Partida

El equipaje está casi listo. Los papeles, preparados. La casa un poco en desorden, pero poco importa.
No sé cuán seguido pueda mantener el blog, pero lo haré tan seguido como sea posible.
Mañana salimos a las siete de la mañana con rumbo a Reynosa y de ahí, en un trayecto de más de 5 mil kilómetros, hasta Montreal y Rouge River en aproximadamente diez días.
En esas estamos.